Miércoles, 21 de mayo 2025
El nuevo Real Decreto sobre alimentación en residencias y hospitales abre una oportunidad para garantizar menús saludables y adaptados a la realidad de los usuarios. Martina Miserachs, CEO de Be Healthia, reflexiona sobre la importancia de tomarlo como una oportunidad de mejora. Argumenta que se debe escuchar a todos los implicados y crear entornos alimentarios basados en el sentido común, el respeto y la dignidad, poniendo el bienestar de residentes y pacientes en el foco.
El reciente anuncio del Ministerio de Derechos Sociales, Consumo y Agenda 2030 de regular por Real Decreto la alimentación en residencias y hospitales abre una oportunidad importante para todas las personas y colectivos que desde hace tiempo estamos trabajando para ofrecer una alimentación saludable centrada en el bienestar y la satisfacción de los residentes.
Este decreto regulará las comidas que se sirven en residencias de mayores y en hospitales para garantizar una alimentación saludable y nutritiva en estos centros. Lo hará a través de un real decreto que pondrá en marcha desde el ministerio que Pablo Bustinduy dirige junto al Ministerio de Sanidad.
Celebro especialmente que el enfoque incluya la escucha activa a todas las partes implicadas: sociedad civil, usuarios/as, profesionales del ámbito de la nutrición y personas con experiencia directa en el terreno. Ojalá eso se traduzca en un decreto construido para dar respuesta a la realidad y el día a día en residencias y hospitales.
Es imprescindible que se escuche al Consejo General de Colegios de Dietistas-Nutricionistas, a la Academia Española de Nutrición y Dietética, y también a quienes trabajamos en estas colectividades, pues somos los que conocemos en profundidad las incoherencias que a menudo se dan debido a normativas contradictorias o no adaptadas al perfil o la realidad de los usuarios/as. Tener en cuenta aspectos como el contexto del usuario, el valor simbólico de la comida o las tradiciones, es esencial para garantizar que comer no solo cubre las necesidades alimentarias sino que provee satisfacción y bienestar, algo sumamente importante para garantizar una alimentación saludable en todas sus dimensiones.
A estas alturas se hace evidente que no se trata de exigir más, sino de crear entornos alimentarios saludables basados en el sentido común. La clave está en ofrecer a los y las dietistas-nutricionistas herramientas claras, criterios coherentes y marcos realmente aplicables sin poner piedras en el camino.
Este decreto es una buena noticia y una oportunidad que no podemos desaprovechar. Puede ser un buen punto de partida, siempre que el foco esté en lo esencial: permitir que los centros ofrezcan una alimentación que cuide, respete y esté a la altura de lo que merecen sus residentes y pacientes.
Porque comer ‘bien’ y disfrutar de la comida en una residencia o en un hospital no es un extra, sino parte del trato que una sociedad digna debe ofrecer a quienes cuida. En estos entornos, la alimentación no es un trámite; es más bien una herramienta de cuidado, de bienestar y de respeto cotidiano. Alimentar ‘bien’ es cuidar ‘bien’. Esta puede ser la oportunidad de hacerlo mejor, con más sentido, con más ciencia y con más humanidad. Esperemos estar todos a la altura.
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