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Reducir la malnutrición en las residencias a través del ‘despertar de los sentidos’

Reducir la malnutrición en las residencias a través del ‘despertar de los sentidos’

18-09-2019

A medida que envejecemos nuestros cinco sentidos se deterioran y, con ello, la calidad de vida se resiente. Desde la discapacidad olfativa o visual que dificultan distinguir olores y colores, hasta la disminución del sentido del gusto y de la vista que hacen que las comidas resulten insípidas o poco atractivas, las pérdidas sensoriales se agudizan y los riesgos de malnutrición se acentúan.

Reducir en un 70% el riesgo de malnutrición de las personas mayores que viven en residencias es posible y así lo ha demostrado la prueba piloto llevada a cabo en ‘Los Robles Gerhoteles’, basada en el proyecto ‘El despertar de los sentidos’, impulsado por Sodexo, que es quien presta el servicio de alimentación en dicho centro.

Cinco claves para despertar los sentidos

Sentir menos es perder calidad de vida. La vista, el oído, el gusto, el olfato y el tacto son las puertas a la información del entorno en forma de sonidos, luces, olores, sabores y contacto. Tenerlas cerradas o entreabiertas desencadena dificultades para comunicarse y de ahí a la soledad o la depresión son pequeños pasos que muchas personas mayores dan a penas sin darse cuenta.

La buena noticia es que hay soluciones y a veces más sencillas de lo que parecen. Todas pasan por estimular cada uno de los sentidos. ‘El despertar de los sentidos’ es el resultado de un riguroso estudio de cada uno de ellos. Los hallazgos han servido para dar con las claves que mejor los estimulan:

– Oído. Entre el 25 y el 40 % de las personas mayores de 65 años sufren una importante pérdida de audición. Tal situación favorece problemas de equilibrio y también dificultades en las relaciones sociales, provocando más estrés y problemas para conciliar el sueño.
¿Qué podemos hacer? Introducir sonidos relajantes en el ambiente, reducir el ruido innecesario y ofrecer privacidad.

– Vista. Con la edad resulta cada vez más difícil ver el contraste entre luz y sombra, e incluso se pierde la sensibilidad al color. Además los ojos producen menos lágrimas con la lógica sequedad e incomodidad, que unido a que los músculos oculares se debilitan, el área de visión disminuye. Las consecuencias son participar cada vez menos en ciertas actividades por los problemas para distinguir colores, y las cada vez mayores dificultades en las interacciones sociales.
¿Qué podemos hacer? Usar la luz adecuada, evitar resplandores y utilizar cromoterapia tanto en los menús como en la vajilla y la lencería. Con estas medidas seguramente mejorarán sus estados de ánimo y se estimulará el apetito. Por supuesto, será imprescindible aumentar la comunicación visual y evitar el desorden.

– Gusto. Las mujeres entre los 40 y 50 años y los hombres entre los 50 y los 60 pierden significativamente el número de papilas gustativas (tenemos aproximadamente unas 9.000). Los problemas son disminución de la salivación y por tanto reducción de los sabores y dificultades de deglución, lo que puede favorecer preferencias de alimentos ricos en azúcar y sal con un aumento de cardiopatías y diabetes. A menudo la consecuencia es mala nutrición ante la pérdida de interés por la comida.
¿Qué podemos hacer? Cuidar la preparación, evitar cocinados muy agresivos y aumentar la utilización de especias; elaborar platos con productos complementarios que aumenten el sabor, utilizando sabores como el umami; ofrecer menús variados y con opciones, con una presentación cuidada, y añadir aperitivos ácidos (como los encurtidos) que aumenten la salivación.

– Olfato. Es un sentido clave, 10.000 veces más potente que los demás y el que crea más recuerdos. Se puede ver mermado por problemas de salud crónicos como la diabetes y se relaciona con el Alzheimer. Hay medicamentos que le afectan. Las consecuencias se concretan en la reducción de detectar peligros, como puede ser un escape de gas; disminución del apetito debido a que el sabor es la integración de gusto y olfato; problemas de higiene personal que puede afectar a las relaciones sociales; y lo que es más importante menor procesamiento de emociones al estar ligado a la parte del cerebro que las procesa, con un mayor peligro de depresión.
¿Qué podemos hacer? Usar aromas con beneficios terapéuticos; utilizar aromaterapia en el comedor con olores que potencian apetito (pan recién hecho); cocinar platos tradicionales que les generen recuerdos; y usar nuevas técnicas de composición de platos para mejorar el sabor (foodpairing).

– Tacto. Este sentido es el primero que se desarrolla en el embrión y a partir de los 18 años se pierde cerca de un 1% cada año. El problema de este déficit es que aumenta el riesgo de lesiones y lo que es aún más importante: el tacto es esencial en las relaciones humanas, ya que estimula la secreción de oxitocina que favorece la relajación y los vínculos afectivos.
¿Qué podemos hacer? Conocer las necesidades físicas y personales de los pacientes, además de aumentar las sensaciones somatosensoriales (frío, caliente, astringente, refrescante…). En su alimentación usar distintas texturas en los platos y preparar alimentos que se puedan comer con las manos, y por supuesto cuidar el entorno físico.
Estas pautas y otras más son precisamente las que promueve el programa de Sodexo “El Despertar de los Sentidos”. A estos consejos, solo falta sumarle mucho cariño y todas las ayudas de las tecnologías, las buenas prácticas y un mejor diseño arquitectónico y espacial, de manera que las personas mayores puedan continuar usando sus sentidos para sentirse seguros, comprometidos y vivir una vida plena.

‘El despertar de los sentidos’, un proyecto que pone el foco en el bienestar de los mayores

‘El despertar de los sentidos’ es un innovador proyecto desarrollado por Sodexo que pone el foco en el bienestar de los mayores en las residencias, actuando sobre cada uno de los cinco sentidos con el objetivo de contrarrestar el deterioro sensorial y lograr que vuelvan a disfrutar del placer de la comida. El proyecto está respaldado por una investigación llevada a cabo por Sodexo en colaboración con la Universidad de Otawa, sobre el deterioro sensorial de las personas mayores.

Pequeños detalles pueden lograr una gran diferencia en la experiencia de los mayores, tal como se ha evidenciado en la residencia ‘Los Robles’ de Madrid en la que Sodexo presta el servicio de alimentación y que ha sido la primera en implantar el programa con resultados muy alentadores: en seis meses se ha reducido en un 70% el riesgo de malnutrición entre los residentes.

Esta residencia atiende a 137 personas con una gama completa de servicios para personas independientes, asistidas y totalmente dependientes. La evaluación nutricional de los residentes ha mostrado también mejoras en la disminución de la presión arterial, en los niveles de glucosa en sangre y en el incremento de los niveles proteicos, así como un aumento de la masa corporal.

Encuentra esta y otras convocatorias en nuestra ‘Agenda’.


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