Lunes, 15 de diciembre 2025
Durante años, el plástico se ha impuesto como sinónimo de higiene y seguridad alimentaria, pero hoy la ciencia cuestiona esa certeza. Nuevas investigaciones revelan que las tablas de polietileno y polipropileno esconden riesgos invisibles –desde la formación de biofilms bacterianos hasta la liberación de microplásticos–, que obligan al sector de la restauración colectiva a replantearse un gesto tan cotidiano como decisivo.
Durante décadas, en escuelas de hostelería, cocinas profesionales y comedores colectivos se ha repetido la misma idea: las tablas de plástico son más seguras porque ‘no absorben bacterias’. Sin embargo, los avances científicos de los últimos años han puesto en entredicho esta creencia tradicional, revelando un problema silencioso que afecta directamente a la seguridad alimentaria y a la salud pública.
Microplásticos, nanoplásticos, biofilms invisibles y materiales que no se comportan como pensábamos. Lo que parecía un detalle banal (elegir una tabla de corte) se ha convertido en un elemento clave para reducir riesgos en cocinas profesionales.
Un reciente informe técnico de 2023 publicado en ‘Environmental science & technology’, desmonta la falsa sensación de seguridad asociada al polietileno y polipropileno, y plantea una reflexión urgente para el sector de la restauración colectiva.
El origen del problema: un material que engaña a la vista
Las tablas de plástico se popularizaron por su aparente limpieza: superficie lisa, color blanco, fácil de lavar, etc. Sin embargo, a nivel microscópico la historia es diferente. El simple gesto de cortar alimentos genera microabrasiones que crean surcos profundos donde el jabón o el agua caliente no logran eliminar las bacterias.
Estas marcas se convierten en reservorios microbianos, especialmente preocupantes cuando se manipulan alimentos crudos. En estas cavidades húmedas se forman biofilms, que son estructuras que protegen a las bacterias y las hacen resistentes a métodos de limpieza habituales. Esto incluye patógenos de interés prioritario en restauración: Salmonella, E. coli o Listeria monocytogenes. Para las cocinas profesionales, esto supone un riesgo real de contaminación cruzada que no siempre se detecta a simple vista.
Microplásticos: un nuevo riesgo de salud pública en plena expansión
Uno de los hallazgos más relevantes es la liberación masiva de micro y nanoplásticos durante el uso cotidiano de tablas de corte. Cada corte, cada presión del cuchillo, desprende minúsculas partículas que terminan directamente en los alimentos.
Estudios recientes estiman que una única tabla de plástico puede liberar entre 14 y 79 millones de microplásticos al año, además de millones de nanoplásticos aún más difíciles de medir. Los factores que aumentan este desprendimiento incluyen a los cuchillos muy afilados, los alimentos fibrosos (zanahorias, carnes), la exposición a calor o alimentos calientes, y las tablas envejecidas o con múltiples incisiones.
Estas partículas no son inertes. Se han detectado micro y nanoplásticos en sangre, hígado, placenta, leche materna y tejido pulmonar. La evidencia señala posibles efectos en la salud humana, como disrupción endocrina, Inflamación crónica, estrés oxidativo celular y un impacto potencial en el desarrollo fetal y neonatal.
Un dato demoledor es fruto del ‘Estudio de biomonitoreo ambiental alemán’ en 2019, en el que se analizaron muestras de orina y sangre de más de 2.500 niños alemanes de 3 a 17 años (muestras tomadas entre 2014 y 2017). El estudio detectó la presencia de subproductos derivados del plástico (plastificantes y otros químicos) en más del 97% de los niños analizados, encontrándose 15 sustancias diferentes.
¿Y la madera? Ciencia y tradición se dan la mano
A diferencia del plástico, las maderas duras de grano cerrado (como arce, nogal, teca, acacia u olivo) presentan propiedades que las convierten en una alternativa más segura.
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