Lunes, 27 de octubre 2025
El Club Cámara Noroeste acogió una jornada sobre la gestión del desperdicio alimentario en colectividades el pasado 22 de octubre. Patrocinada por Mapal, contó con expertos que destacaron el papel de la tecnología, los circuitos cortos y la formación para reducir residuos hasta un 50%. El foro concluyó que sostenibilidad y eficiencia deben ser accesibles y rentables.
El encuentro se centró en ‘La importancia del desperdicio alimentario en colectividades’ y fue una jornada organizada por Milbrait y patrocinada por Mapal para debatir cómo la gestión de desechos se ha convertido en un pilar de la eficiencia operativa y la responsabilidad social.
La sesión, moderada por Cristina Gil, se estructuró en dos mesas redondas que pusieron el foco en la acción y las soluciones prácticas. Los participantes de la jornada coincidieron en que la nueva Ley de Prevención de Pérdidas y Desperdicio Alimentario no es solo una obligación, sino una oportunidad económica. La tecnología y la digitalización fueron señaladas como el principal motor de cambio, permitiendo a las empresas auditar sus procesos con precisión.
Gema Ruiz de Mapal (empresa proveedora de tecnología especializada en hostelería y restauración) destacó que el uso de plataformas integradas permite reducciones de desperdicio que alcanzan hasta el 50% en algunos casos, liberando recursos y talento. Ignacio Vilar de Jardanay (empresa gallega fundada en 2000, con cocina central que produce 9.000 comidas/día y relación histórica con productores de proximidad) reforzó esta idea, apuntando a que el control riguroso del stock y las porciones es esencial, pues cualquier exceso puede afectar negativamente los márgenes operativos. Por su parte Daniel Lois de Sodexo identificó la variabilidad en la demanda y el factor tiempo como los mayores retos operativos en la reducción del desperdicio alimentario en restauración.
El foro también subrayó la importancia de la proximidad y la conciencia. Eduardo Sanjurjo de Kibus/Galia (Kibus nace en 2019 digitalizando mercados de abastos para cliente final) explicó cómo los circuitos cortos no solo garantizan el comercio justo y el rescate de productos imperfectos, sino que reducen el impacto ambiental al disminuir el uso de envases en hasta un 93%. Por su parte, Carlos Zamora (La Cocina de los Pastores, proyecto nacido tras el cierre de restaurantes por la pandemia, que trabaja con pequeños productores desde 2006) reivindicó la formación y la calidad, señalando que una cocina consciente, basada en datos y en el bienestar del comensal, es la forma más efectiva de evitar que la comida termine en la basura.
En el cierre, los ponentes destacaron que el futuro pasa por encontrar el equilibrio entre ofrecer un producto excelente a un precio razonable y reforzar la conciencia de los equipos y usuarios, haciendo que la sostenibilidad sea la opción más simple y rentable.
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