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“Si concienciamos a los niños y niñas respecto a los ODS, tendremos el futuro asegurado”

Mario Agudo, director de Comunicación de ShC

“Si concienciamos a los niños y niñas respecto a los ODS, tendremos el futuro asegurado”

16-02-2021

‘Pequeños responsables’ es el proyecto con el que Servicios Hosteleros a Colectividades (ShC) se presentó y fue finalista del premio ’Hostelco Awards’ al ‘ Mejor Proyecto de Restauración Colectiva; una iniciativa cuyo objetivo es acercar los Objetivos de Desarrollo Sostenible a los niños y niñas de los comedores escolares. Mario Agudo, director de Comunicación de ShC, explica en qué consiste la iniciativa y cómo pueden integrarse los ODS en un servicio de colectividades.

– Antes de nada… ¿que supone para un proyecto como el vuestro ser finalistas en la categoría de Mejor Proyecto de Restauración Colectiva?
– Es un reconocimiento a la labor diaria que realizan todas las profesionales que trabajan para Servicios Hosteleros a Colectividades (ShC). Aunque finalmente no resultamos vencedores, haber llegado hasta el final ha sido un premio, y una gran satisfacción, para todo nuestro equipo.

– El proyecto con el que habéis quedado finalistas se llama ‘Pequeños responsables’ y tiene que ver con la integración de los ODS en los servicios de comedores escolares… Explícanos brevemente, por favor, ¿cuáles son los pilares del proyecto y las líneas principales?
– Pensamos que integrar los Objetivos de Desarrollo Sostenible en nuestros objetivos empresariales podía ser una manera de acercarlos a los niños y niñas a los que damos de comer a diario. Creemos sinceramente en que los pequeños gestos pueden generar grandes resultados. Por eso llamamos al proyecto ‘Pequeños responsables’. En primer lugar porque no dejamos de ser una empresa pequeña, cuyo impacto social es mucho más reducido que el de una multinacional. Segundo, porque convertimos a nuestros comensales en pequeños responsables que, a su escala, participan en el enorme reto de la sostenibilidad.

– ¿Cómo se concreta el proyecto? ¿Qué acciones se llevan a la práctica para su implementación?
– El proyecto se concreta, fundamentalmente, en nuestro programa general de actividades (PGA), pero también en proyectos colaterales como ‘ShC en Verde’ a través del que tratamos de anticipar la entrada en vigor de la normativa de erradicación de plásticos de un solo uso, o ‘Residuos cero’, un pionero proyecto que pusimos en marcha en colaboración con el Ayuntamiento de El Boalo.

– ¿En cual de los 17 objetivos que ha establecido Naciones Unidas, tiene más que aportar un sector como de el de los comedores escolares?
– Tenemos algo que aportar en casi todos, salvo quizás los números 16 y 17, pues implican a gobiernos y entidades supranacionales. Podemos hacer algo por erradicar la pobreza, por supuesto, así como para acabar con el hambre o la malnutrición. También incidimos sobre la salud y la creación de hábitos saludables. Colaboramos en proyectos educativos. Somos un sector pionero en lo que se refiere a la igualdad de género, pues un alto porcentaje de equipos directivos y de empleados está compuesto por mujeres. En nuestras manos está, también, el uso responsable de recursos energéticos, el empleo, la innovación, el consumo responsable, el cuidado del medio ambiente y de los ecosistemas marinos

Las colectividades como motor de cambio

– En general, ¿qué papel crees que pueden jugar o juegan los comedores escolares y las colectividades en general, de cara a ese cambio que todos queremos hacia un mundo más justo y sostenible?
– Un papel determinante, pues trabajamos con niños y niñas. Si conseguimos concienciarlos, habremos ganado la primera batalla para asegurar el futuro.

– ¿Crees que la posición que tiene el sector, como puente entre las administraciones y la ciudadanía, lo convierte en un sector estratégico de cara a la consecución de los ODS? ¿Qué le pedirías a las diferentes administraciones en este sentido?
– Vivimos una época complicada. La pandemia ha puesto a muchas empresas contra las cuerdas y buena parte de este tipo de programas pueden peligrar si no recibimos algún tipo de ayuda de la administración. Es un momento complicado para todos. La mayoría de sectores ha notado el impacto de la crisis que comienza a generarse como consecuencia de confinamientos y medidas restrictivas. Así que necesitamos aunar esfuerzos, tener sentido de estado, olvidar los réditos políticos a corto plazo y pensar en un ambicioso plan nacional de recuperación. La historia nos enseña que en momentos convulsos y de transformaciones sustanciales como el que vivimos se requieren medidas extraordinarias.

– Cual es el impacto directo del proyecto ‘Pequeños responsables’… ¿a cuantas escuelas y alumnos llega?
– Nosotros trabajamos actualmente en una treintena de centros. Hasta 2020 estábamos dando de comer a más de 4.000 niños, pero en este curso 2020-2021 se ha reducido casi a la mitad. Muchos centros se han acogido a la jornada continua como medida preventiva para reducir los contagios de la Covid-19 y esto ha tenido una afectación directa sobre nuestro negocio.

–¿Cómo hacéis llegar al conjunto de la comunidad escolar y familias vuestro proyecto y qué respuesta estáis teniendo?
– Aparte de los canales tradicionales de comunicación (web, blog, redes sociales y comunicados), vamos informando de todas nuestras actividades a través de nuestra app, donde actualizamos las temáticas de nuestros programas y todas las acciones relacionadas con ellas. Las jornadas de puertas abiertas de los centros, que este año también se verán limitadas, son una formidable ocasión para presentar nuestro proyecto in situ.

Superaremos la pandemia y no habremos aprendido nada

– Por último, ¿cómo ha impactado la crisis de la covid en vuestra organización y en qué crees que habrán cambiado los comedores escolares post-pandemia, respecto a los ‘pre’?
– El impacto de la pandemia ha sido determinante. Hasta el punto de que hemos tenido que paralizar algunas de las líneas del proyecto para poder asegurar nuestras operaciones diarias. Hay que tener en cuenta que el curso finalizó, en la práctica, en el mes de marzo. Quizás el peor momento del año. Tradicionalmente, los meses de septiembre, diciembre y enero son malos, pues son menos días lectivos, y suelen recuperarse en marzo, abril y mayo, que son meses completos, a excepción de la Semana Santa. Así que el parón de marzo no solo fue grave por su duración, sino también porque impidió que recuperáramos las pérdidas habituales que tenemos al comienzo de cada curso. Por si fuera poco, en septiembre tuvimos un arranque progresivo de las clases en función de los grupos de edad y, cuando parecía que nos recuperábamos ligeramente, llegó el temporal Filomena, que ha arruinado el mes de enero. Las pérdidas económicas, que me atrevería a decir que son generalizadas en todo el sector, pueden resultar determinantes a corto plazo.

Respecto a los comedores escolares post-pandemia, espero, sinceramente, que la jornada continua no quede aprobada de forma definitiva en todos los centros, puesto que esto tendría importantes consecuencias sobre el negocio. El coste del día a día se ha incrementado: hay que dotar a los equipos con EPI, incrementar las tareas de desinfección, aumenta el gasto en productos de limpieza, debemos alterar las rutinas diarias para reducir el riesgo de contagio… La parte operativa es cuestión de adaptación. Lo más preocupante, sin duda, es la repercusión económica. Afortunadamente, la Consejería de Educación y Juventud de la Comunidad de Madrid está siendo sensible con nosotros y ha inyectado en los centros escolares públicos partidas específicas para hacer frente a estos gastos extra y para compensar el efecto negativo de los confinamientos de aulas como consecuencia de la aparición de brotes. Es justo reconocer esta aportación de la administración, sin la cual la situación sería mucho peor.

– ¿Qué secuelas crees que nos va a dejar esta crisis? A nivel personal y profesional. ¿A pesar de todo, crees que podemos salir reforzados de alguna manera?
– Siempre suele pensarse que una crisis refuerza, pero quizás no es así. Vivimos una época de profunda transformación y, por qué no decirlo, progresiva degradación social e intelectual. Quizás estamos ante un cambio de era. Durante la pandemia se han visto ejercicios de optimismo colectivo que no tenían, en mi opinión, ningún fundamento y que son fruto de una sociedad profundamente inmadura y acrítica. El repetido lema ‘Todo va a salir bien’, que hemos visto y leído hasta la saciedad, es una especie de brindis al sol, un grito de esperanza que no tenía sustento alguno, pues a diario estaban muriendo centenares de personas y miles de familias pasaban por verdaderos aprietos económicos, con uno o dos de sus miembros en ERTE, muchos de ellos sin cobrar subsidio de ningún tipo.

Es una de las profundas paradojas de la sociedad en la que vivimos, muy proclive a gestos para la galería que no tienen ningún fundamento. También se decía que esta crisis ‘nos iba a hacer mejores’, una afirmación que es, sin lugar a dudas, la expresión de un anhelo más que la constatación de una realidad. Lo que ha ocurrido es que, en algún momento, jugamos a ser dioses y la naturaleza nos puso en nuestro sitio. Hemos descubierto que somos mucho más vulnerables de lo que pensábamos y que no podemos dominar el mundo a nuestro antojo. La única lectura positiva que creo que podemos sacar de esta situación debe venir desde la humildad y el sentido común.

– Finaliza la frase, por favor: ‘Cuando superemos la pandemia…’
– No habremos aprendido nada.


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