Viernes, 24 de octubre 2025
El estudio ‘Encomcol’ destaca el impacto positivo del comedor escolar en la alimentación infantil, mejorando hábitos y fomentando la actividad física. Los niños que usan el comedor realizan más comidas diarias y tienen mayor educación alimentaria aunque estas rutinas saludables suele abandonarse durante la adolescencia. Un 29% de menores españoles ve la televisión durante las comidas, porcentaje que sube hasta el 32% en los mayores de 12 años.
Ipsos, empresa de investigación de mercados y opinión pública, presentó a principios de octubre el estudio ‘Encomcol’ (Encuesta Comedores Colegios), sobre alimentación, nutrición y estilo de vida saludable entre niños/as de 6 a 11 años y jóvenes de 12 a 17 años. Según el estudio los niños que utilizan el comedor escolar pueden tener mayor información sobre alimentación saludable que los que no y también realizan más ingestas diarias. Durante la adolescencia se observa un abandono de rutinas saludables que puede derivar en consecuencias negativas a futuro.
El comedor escolar como diferenciador en la dieta infantil
La encuesta revela un comportamiento alimentario que difiere claramente entre el grupo de 6 a 11 años y el de 12 a 17 años, siendo el uso del comedor escolar un posible factor determinante. Una clara diferencia es que el uso de comedor escolar puede condicionar el modelo de comportamiento alimentario, por este motivo, en el grupo de 6 a 11 años (que son los que más usan el comedor), se dividió a los encuestados al 50% entre los que utilizan el servicio y los que no para comprobar si es determinante social. En el grupo de 12 a 17 años se dejó aleatorizado al ser el uso del comedor muy bajo y por tanto no tener esa capacidad de influencia en el comportamiento alimentario.
Para Rafael Urrialde, coordinador de estudio junto a Marcela González-Gross, “los datos nos muestran diferencias en los datos obtenidos entre quienes asisten y quienes no: los niños que no van al comedor escolar y solo reciben información nutricional durante las horas lectivas parece que no tienen el mismo nivel de educación alimentaria que aquellos que sí participan en este entorno. Además, es fundamental mantener estos hábitos cuando dejan de ir al comedor, ya que en la adolescencia observamos lo que podríamos señalar un abandono de rutinas saludables que puede derivar en consecuencias negativas a futuro. En este sentido, el nuevo RD de comedores escolares será una herramienta clave para ayudar a reforzar y consolidar esos buenos hábitos”.
La asistencia al comedor también marca la cantidad de consumo de alimentos y bebidas y por tanto de ingestas de nutrientes realizadas a lo largo del día, sobre todo en los momentos como media mañana, merienda y antes de acostarse, siendo los niños que realizan las principales comidas del día en el colegio los que realizan cinco ingestas diarias (81% vs 73%).
De forma general, entre las diferentes franjas de edad, se aprecia como, a medida que van creciendo, los niños van reduciendo los momentos de consumo de alimentos y bebidas, pasando de un 84% de los más pequeños que realizan cinco diarias, al 66% cuando pasan de los 12 años. Esta diferencia se debe principalmente a la supresión del momento de consumo de media mañana y de la merienda entre los más mayores.
El sexto momento de consumo, que se realiza antes de acostarse, sigue una tendencia contraria: la realizan más los mayores, y sobre todo, los que acuden al comedor escolar. En concreto, antes de acostares ingieren o beben algo un 17% de los mayores de 12 años que usan el comedor escolar por el día frente a un 9% de los que no lo hacen.
El Dr. Urrialde afirmó dueante la presentación del estudio que para los expertos participantes “ha sido una sorpresa descubrir que el 30% del grupo total consume algo antes de acostarse, creemos que este dato debería ser menor. Es algo que debemos analizar porque no sabemos si es realmente necesario este momento de consumo, y cuál puede ser su relación sobre los índices de soprepeso u obesidad”.
Percepción sobre la alimentación y actividad física
En cuanto a la percepción sobre su alimentación, el 48% de los niños de 6 a 11 años considera que la suya es bastante sana, al igual que un 45% de los jóvenes entre 12 y 17 años, no habiendo grandes diferencias en este caso entre quienes acuden o no al comedor. Sin embargo, sí se registra un mayor impacto del uso del comedor a la hora de practicar algún deporte, siendo más habitual realizar alguna actividad física organizada entre los que comen en su centro educativo (79%) frente a los que no lo hacen (72%). Esta tendencia se acentúa todavía más entre los jóvenes (entre 6 y 11 años), existiendo una diferencia de 12 puntos de diferencia (80% vs 68%). Estos datos pueden implicar que la existencia de una mayor sensibilidad hacia hábitos alimentarios con valores educativos, puede influir también en comportamientos de estilos de vida.
La Dra. Marcela González-Gross, señaló que “los datos demuestran que los niños y adolescentes que cumplen con los 60 minutos diarios de actividad física de moderada a vigorosa presentan una mejor composición corporal. En las edades más tempranas, el ejercicio contribuye además a un desarrollo motor más completo y equilibrado. Sabemos que las conductas saludables tienden a reforzarse entre sí: quienes practican actividad física con regularidad muestran menor tendencia al consumo de tabaco o alcohol y mantienen una alimentación más equilibrada. Son también más receptivos a comprender que la salud no depende de un solo hábito, sino del conjunto de todos ellos”.
Actividad durante las comidas
Por otra parte, el estudio también analiza las actividades que realizan los niños mientras comen, como ver la televisión. En concreto, de forma general, un 29% de menores españoles ven la televisión todos los días en casa en cada comida, un dato que baja levemente hasta el 27% entre los de 6 y 11 años, y sube hasta el 32% en los mayores. Aunque a su vez, casi el mismo porcentaje (28%) dice que nunca come con la televisión encendida.
Sobre esto, ambos expertos lo tienen claro, y en palabras del Dr. Urrialde: “durante las comidas no debería verse la televisión, en ningún caso. Lo ideal es que no haya pantallas, sino diálogo, pausa y disfrute de la comida y del tiempo compartido, elementos esenciales incluidos en la base de la pirámide de la dieta mediterránea. Resulta sorprendente comprobar cómo en el comedor escolar los niños aprenden a comer sin pantallas, pero ese hábito se pierde en casa al encender la televisión o usar otros dispositivos”.
Presentación del estudio
El acto de presentación contó con la presencia de Andrés Barragán, secretario general de Consumo y Juego del Ministerio de Derechos Sociales, Consumo y Agenda 2030 y presidente de la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición, que afirmó que “necesitamos que las políticas públicas se apoyen en evidencias científicas y que sus resultados estén al alcance de todos. Por eso, estudios como este son fundamentales para orientar nuestras decisiones. Queremos reducir las desigualdades y corregir las asimetrías existentes entre comunidades y centros, mejorando la calidad nutricional de los menús escolares. La aplicación de este real decreto de comedores escolares será clave para mejorar la salud infantil y avanzar hacia un modelo de alimentación más justo y sostenible”.
Metodología del estudio
En esta encuesta ha colaborado la Sociedad Española de Nutrición y la Universidad Politécnica de Madrid, a través de su grupo de investigación en alimentación, nutrición, ejercicio y estilo de vida saludable (Imfine). El objetivo del estudio es saber si existen diferencias entre el consumo de alimentos y bebidas diarias y las ingestas nutricionales dependiendo de si se usa o no el servicio de comedor escolar y si acuden a colegios públicos, concertados o privados. Todo ello analizado según los seis posibles momentos de consumo diario de alimentos y bebidas. ‘Encomcol’ pretende ser un referente nacional en cuanto a la comprensión de los hábitos de alimentación y nutrición de esta población y los determinantes sociales, proporcionando información actualizada y fiable para que se puedan definir estrategias y proyectos ajustados a las necesidades reales de la infancia y la juventud en España condicionadas incluso por las seis áreas territoriales donde se han realizado los 1.000 registros dietéticos (500 del grupo 6-11 años y 500 del grupo 12-17 años).
Los coordinadores del estudio son Rafael Urrialde, especialista en alimentación, seguridad alimentaria, nutrición y sostenibilidad e investigador senior del Grupo Imfine de la UPM, doctor en Ciencias Biológicas y experto universitario en Ciencias Ambientales por la Universidad Complutense de Madrid y Vocal de la Junta Directiva de la Sociedad Española de la Nutrición-SEÑ; y Marcela González-Gross, catedrática de Nutrición y Fisiología del Ejercicio en la Facultad de Ciencias de la Actividad Física y del Deporte-INEF de la Universidad Politécnica de Madrid, directora del Grupo Imfine de la UPM y presidenta de la Sociedad Española de Nutrición-SEÑ.
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