Martes, 28 de enero 2025
Los menús escolares son un pilar fundamental para garantizar una alimentación equilibrada en la etapa educativa, pero enfrentan el desinterés por parte de los niños. Maria Soler, dietista-nutricionista de Cesnut Nutrición, reflexiona sobre las causas de este fenómeno -como las normativas que limitan la creatividad de los platos- y propone claves para revitalizar la experiencia del comedor escolar. Su enfoque, educativo y colaborativo, busca equilibrar salud, sabor y aceptación infantil.
Los menús escolares son una parte esencial de la vida educativa, proporcionando a los niños una alimentación equilibrada durante su jornada académica. Sin embargo, como dietista-nutricionista especializada en restauración colectiva he visto como en los últimos años, un fenómeno creciente ha comenzado a preocupar a familias, educadores y profesionales: a muchos niños les gusta cada vez menos el menú escolar.
¿Qué está fallando?
Analizar este problema implica considerar no solo las preferencias cambiantes de los niños, sino también los retos inherentes a las normativas que regulan la elaboración de los menús escolares. Aunque estas reglas son esenciales para cuidar la salud infantil, también imponen limitaciones que pueden influir en la percepción de los menús.
La normativa establece cantidades específicas de grupos de alimentos, también limita la creatividad culinaria al priorizar ciertas formas de preparación. Como profesional del sector, veo como estas restricciones pueden hacer que los menús pierdan variedad o creatividad, resultando en platos que los niños perciben como monótonos o poco atractivos.
Por otro lado, en un mundo donde los niños están expuestos a sabores intensos y aditivos presentes en alimentos procesados, se acaba desarrollando una preferencia natural hacia alimentos que resultan más estimulantes para su paladar, haciendo que los menús escolares les parezcan insípidos o aburridos.
Por último, si en el entorno familiar no se promueve el consumo de alimentos como legumbres, pescado o vegetales, es más probable que los niños los rechacen en el comedor escolar. La falta de costumbre y el desconocimiento sobre cómo disfrutar estos alimentos pueden influir negativamente en su percepción.
Hacia una mejora de la experiencia del menú escolar
Superar este descontento no solo requiere esfuerzo técnico, sino también un enfoque colaborativo y educativo. Es esencial visibilizar y valorar el trabajo conjunto detrás de cada menú escolar. Crear comidas que equilibren salud, sabor, sostenibilidad y aceptación infantil no es una tarea sencilla.
La solución al desinterés por los menús escolares no pasa únicamente por los platos en sí, sino por una estrategia integral que aborde la educación, la colaboración y la experiencia alimentaria. Como dietista-nutricionista especializada en restauración colectiva, creo que cinco claves para volver a hacer apetecible el menú escolar son:
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