Miércoles, 13 de noviembre 2024
En ‘Restauración Colectiva’ procuramos no desviarnos de los temas estrictamente relacionados con la alimentación en colectividades pero, tras la devastación de la dana y en línea con la reciente Cumbre del Clima en Bakú, creemos conveniente reproducir el análisis de Rogelio Pozo, CEO de Azti, sobre la crisis climática. Pozo destaca cómo la ciencia confirma que el cambio climático es acelerado, se debe a la actividad humana y llama a actuar desde todos los sectores para frenar la tendencia.
La ciencia no tiene todas las respuestas, pero las mejores siempre están en ella. El ‘Panel intergubernamental sobre el cambio climático’ evalúa con una base objetiva, abierta y transparente la información científica, técnica y socioeconómica relevante para la comprensión de los fundamentos del riesgo del cambio climático debido a la acción humana, sus impactos y las opciones para la adaptación y su mitigación. Son informes neutrales desde el punto de vista político, aunque en ocasiones deben tratar factores relevantes para la aplicación de políticas específicas.
Después de millones de datos recopilados y analizados, la ciencia concluye que los cambios recientes en el clima son generalizados, rápidos y cada vez más intensos, y no tienen precedentes en miles de años. El planeta se calienta rápidamente en todas partes. No hay duda de que la acción humana está causando el cambio climático, haciendo que los eventos climáticos extremos, como olas de calor, lluvias torrenciales y sequías, sean más frecuentes y severos.
La concentración de CO2 en la atmosfera es la más alta en al menos dos millones de años, el nivel del mar sube a un ritmo sin precedentes en 3.000 años, el área de hielo marino en el Ártico es la más baja en 1.000 años y el retroceso de los glaciares es inédito en 2.000 años.
La primera medición de CO2 atmosférico realizada por Charles David Keeling en 1958 fue de aproximadamente 315 partes por millón (ppm). Desde entonces, los niveles de CO2 han aumentado de manera constante, superando los 427 ppm en la actualidad. La ‘curva de Keeling’ ha sido crucial para demostrar el impacto del uso de combustibles fósiles en el aumento de CO2 en la atmósfera.
Hace aproximadamente dos millones de años, los niveles de dióxido de carbono (CO2) en la atmósfera, medidos a partir de núcleos de hielo antártico, se estiman en alrededor de 250 partes por millón (ppm). Estos niveles eran considerablemente más bajos que los actuales, reflejando un equilibrio más natural en el clima terrestre antes del impacto de las actividades humanas. Las muestras de hielo antiguo han sido fundamentales para entender cómo los niveles de CO2 se correlacionan con las temperaturas globales a lo largo de los tiempos geológicos.
En 1962, la población mundial era de aproximadamente 3.123 millones de personas. Hoy, la población mundial es de 8.177 millones de personas. Teniendo en cuenta los índices de natalidad se estima que el máximo, cerca de los 10.000 millones, se alcanzará en 2064. Además, la población rural disminuirá, mientras que la urbanización y la litoralización alcanzarán el 70%.
Hace 60 años, la huella de carbono promedio de una persona era significativamente menor que la actual, debido a un menor consumo de energía, menos dependencia de los combustibles fósiles, menos industrialización y transporte globalizado. Las emisiones per cápita eran aproximadamente la mitad o menos en comparación con las cifras actuales en los países desarrollados.
La huella ecológica de una persona actualmente en términos de emisiones de gases de efecto invernadero varía según el país, el estilo de vida, el consumo energético y el acceso a tecnologías bajas en carbono. En países desarrollados, el ciudadano promedio emite alrededor de 15-20 toneladas de CO2 por año. Con una esperanza de vida de 80 años, esto da un rango de entre 1.200 y 1.600 toneladas de CO2 a lo largo de su vida. En países en desarrollo, la huella de carbono promedio puede ser significativamente más baja, de una a cinco toneladas de CO2 por persona por año.
La renta per cápita mundial según datos del Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional se sitúa alrededor de 12.000 dólares en términos nominales. Estudios del FMI y la OCDE estiman que la renta per cápita podría duplicarse para 2050, situándose en torno a los 25.000 dólares. El incremento de la renta per cápita generalmente tiene un impacto significativo en la huella ecológica, y particularmente en las emisiones de gases de efecto invernadero por un mayor consumo de energía, patrones de consumo más intensivos, aumento de la movilidad, transporte privado y consumo de dietas más ricas en productos de animales (carne y lácteos). También supondrá una mayor expansión industrial y urbanización de los países en vías de desarrollo, lo que también contribuye en un aumento de las emisiones de gases de efecto invernadero.
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