Miércoles, 04 de febrero 2026
La presbifagia, un proceso asociado al envejecimiento que afecta a la deglución, plantea retos para la restauración colectiva, según explica Marisa García, directora de investigación en Cresca (UPC). Es una condición que puede causar fatiga al comer y rechazo de alimentos. Las colectividades deben liderar un cambio que pasa por adaptar menús mediante el marco IDDSI, que mejore la seguridad y calidad alimentaria, previniendo la desnutrición y reforzando la dignidad de los mayores.
El envejecimiento saludable no excluye cambios fisiológicos que afectan a la alimentación. Uno de los más frecuentes y menos visibles es la presbifagia, un proceso asociado al envejecimiento normal que implica una disminución progresiva de la eficacia y la seguridad de la deglución en personas mayores aparentemente sanas.
La presbifagia, por definición, no es una enfermedad patológica, sino un conjunto de cambios funcionales propios del envejecimiento que pueden o no causar síntomas clínicos notorios. En los adultos mayores, la presbifagia se asocia a una disminución progresiva de la fuerza, la coordinación y la sensibilidad de las estructuras implicadas en la deglución. Por ello, algunos estudios la consideran parte de un continuo hacia la disfagia orofaríngea.
A diferencia de la disfagia clínica, la presbifagia no suele diagnosticarse ni generar una alerta inmediata. Sin embargo, sus consecuencias pueden ser relevantes: mayor fatiga al comer, enlentecimiento de la ingesta, alteración de los sabores de los alimentos, cambios de humor y rechazo de los alimentos de siempre. En este contexto, no debe culpabilizarse a los profesionales de la restauración colectiva. Puede afirmarse que los profesionales responsables —residencias, centros sociosanitarios y hospitales— deben contemplar la derivación a un logopeda, figura clave, para diagnosticar la presbifagia y recomendar la textura adecuada, evitando así malbaratar alimentos correctamente diseñados para adultos sin esta alteración tan frecuente. La restauración colectiva desempeña un papel clave en la prevención de la desnutrición del adulto mayor institucionalizado.
Para los equipos directivos y los profesionales de cocina, comprender la presbifagia significa anticiparse. No se trata de medicalizar la alimentación, sino de adaptarla mediante estándares consensuados dirigidos a este perfil de comensales.
La evidencia científica y el consenso internacional, que proponen el marco IDDSI (International Dysphagia Diet Standardisation Initiative), ofrecen herramientas claras para trabajar con texturas más seguras, estables y coherentes, sin renunciar al valor gastronómico. Aplicar estos criterios en menús estándar para personas mayores no solo mejora la experiencia alimentaria, sino que reduce complicaciones evitables y refuerza la calidad asistencial del centro. Además, disminuye el rechazo de propuestas de menús bien preparados.
La optimización de procesos pasa por la implementación de herramientas de control de calidad, como pruebas de viscosidad y de texturización de los estándares IDDSI en tiempo real. Esto permite promover una alimentación más saludable, contener los costes por menú, garantizar altos estándares de calidad y simplificar la gestión diaria de los profesionales.
La presbifagia nos recuerda que comer bien en la persona mayor sana no es solo una cuestión de gusto o tradición, sino de salud y dignidad. La restauración colectiva tiene hoy la oportunidad —y la responsabilidad— de liderar este cambio, ampliando su formación. El marco IDDSI constituye una herramienta complementaria y estandarizada que permite una valoración segura y sistemática, tanto en el ámbito clínico como en el de la restauración.
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