Martes, 10 de marzo 2026
En una región donde uno de cada diez menores padece obesidad y más de un 25% sobrepeso, el comedor escolar se ha convertido en una de las principales herramientas de prevención. Coincidiendo con el Día Mundial de la Obesidad, el pasado 4 de marzo, Colectividades Antonia Navarro reivindicó el papel del comedor como espacio de salud pública, educación nutricional y creación de hábitos saludables.
Actualmente, más de 15.000 escolares comen a diario en comedores gestionados por la empresa, lo que representa cerca del 50% de los comedores escolares de la Región de Murcia. Una dimensión que sitúa al comedor escolar como un entorno clave para garantizar, al menos una vez al día, una alimentación equilibrada y supervisada.
El comedor como entorno protector
En un contexto donde el 17% de los menores consume comida rápida tres veces por semana y menos de la mitad toma fruta fresca a diario, el comedor escolar asegura el consumo diario de alimentos frescos y técnicas culinarias saludables.
Cada curso escolar, Colectividades Antonia Navarro distribuye entre sus escolares más de 160.000 kilos de fruta, 230.000 kilos de verduras frescas, 20.000 kilos de pescado y más de 30.000 kilos de legumbres.
La fruta y la verdura están presentes todos los días en los menús, no se realizan frituras y no se incluyen postres azucarados.
“En un entorno donde fuera del colegio hay cada vez más estímulos hacia el consumo de ultraprocesados, el comedor escolar garantiza una comida equilibrada, con producto fresco y técnicas saludables. No es solo un servicio complementario, es una herramienta real de prevención”, señala Juanba Ruiz, gerente de Colectividades Antonia Navarro.
Adaptación y supervisión nutricional
Desde 2022, los menús siguen el marco impulsado por la Consejería de Educación de la Región de Murcia para garantizar estándares nutricionales equilibrados. Esto implica priorizar técnicas como el horneado o la plancha, el control de sal y la eliminación de azúcares añadidos.
Además, alrededor de un 2,8% de los menús están adaptados a dietas especiales por alergias, intolerancias u otras necesidades específicas, lo que garantiza inclusión y seguridad alimentaria.
Alimentar las buenas costumbres
Bajo el sello del ‘Método abuela’, Colectividades Antonia Navarro entiende el comedor como un espacio educativo donde se forman hábitos que pueden acompañar a los niños toda la vida.
“La obesidad infantil no se combate solo con prohibiciones, sino creando costumbre. Exponer cada día a los niños a fruta, verdura, legumbres y pescado es una inversión directa en su salud futura. Sabemos que un niño con obesidad tiene entre dos y diez veces más posibilidades de ser un adulto obeso”, subrayan.
“Es un error pensar que, si un alimento no les gusta a la primera, ya no lo hará y hay que retirarlo, la realidad es que un niño puede necesitar probar entre ocho y diez veces un alimento hasta aceptarlo. Por eso debemos insistir sin forzar: la exposición repetida es clave” declara Ruiz.
En una comunidad que lidera los índices de sobrepeso infantil a nivel nacional, el comedor escolar emerge así como uno de los pocos espacios donde la alimentación está completamente supervisada y orientada a la prevención.
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